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Montes de María construye la paz a través del perdón, cantos y el empoderamiento

Nuestros estudiantes con integrantes del Colectivo de Comunicación 21 Montes de María.

“Mi familia tuvo que salir de aquí para buscar nuevos horizontes. Perdieron todo después de la guerra. Mis padres, mi abuela y mi bisabuela me contaron que estaban el día que comenzó la masacre. Mataron a más de 70 personas, entre ellos familiares nuestros. Muchos de ellos no aparecieron nunca. Se supo que la guerrilla, para esconder los cadáveres, los abría, les sacaba los órganos y los llenaban de piedras para lanzarlos al río”. Vanessa Narváez tiene 16 años. Afortunadamente para ella, no vivió la masacre en vivo pero conoce la historia y la recuerda como si hubiese estado ahí, según lo que ella cuenta.

Stephany Gamarra, Vanessa Narváez y Adriana Acosta, miembros del Colectivo 21 de Montes de María.

A 6 horas de carretera de la ciudad de Barranquilla se encuentra un territorio llamado Montes de María. El doctor en Filosofía Política, Sergio de Zubiría, explicó que dentro de este sector cohabitaron y convivieron todos los actores del conflicto en muchos pueblos de este lugar, como Carmen de Bolívar. “Es uno de los pueblos de Montes de María donde líderes de izquierda y de derecha se disputan el control territorial, lo que ha provocado masacres como la de hace 19 años”, dijo.

“La Masacre del Salado”, evento que ocurrió en este sector de Montes de María ocurrió entre el 16 y 22 de febrero del 2000, y es una historia que incluso los jóvenes que no la vivieron pero residen en este pueblo conocen. Según Narváez, después de la masacre el pueblo quedó vacío. “Todo el que vivía aquí se fue. No había nada que hacer aquí, pero la mayoría se fue para volver y montar el pueblo de nuevo”. Esto que contó Narváez se repetía en los discursos que dieron los representantes del colectivo de Comunicaciones Montes de María, incluso algunos lo contaron cantando, como su fundadora Beatriz Ochoa.

Carmen Ochoa, directora del Colectivo 21, cantando.

El conflicto armado en Colombia lleva 36 años entre la paz y la guerra, según el profesor de historia de la Universidad del Atlántico y la Universidad del Norte, Blas Zubiría. La gente que lo ha vivido de cerca se refiere a estos conflictos como guerras, porque es lo que según ellos vivieron.

Montes de María “Línea 21” es uno de estos pueblos que sufrieron ataques causados por este conflicto y una de sus características principales actualmente es que la gente que se fue después de la masacre regresó, se empoderó y construyó de nuevo el lugar donde antes vivían, pero esta vez reforzando el conocimiento histórico del territorio.

El Colectivo Línea 21 está conformado principalmente de jóvenes como Narváez, que no vivieron la masacre de El Salado, pero que la recuerdan a través de las historias de sus familiares, conocidos e incluso lo que aprenden en las clases extracurriculares que ofrece este colectivo.

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Camilo Pérez, quien ha estado involucrado con 18 generaciones del colectivo explicó que lo que se quiere lograr a través de esta iniciativa es “empoderar a los jóvenes para que sigan contándose las historias, porque es importante que en territorios como Carmen de Bolívar se genere un sentido de pertenencia que los haga luchar por esa historia”.

Pérez también explicó que el colectivo cuenta con clases de comunicaciones para sus integrantes, que incluyen edición de video y aprender a cubrir noticias e incluso la cotidianeidad de su gente, esto ante la necesidad que tienen de recordar lo que pasó para “mirar hacia adelante y seguir trabajando por la paz”.

Camilo Pérez, Colectivo Línea 21 de Montes de María.

Narváez explicó que desde que se unió a este grupo se dio cuenta que  muchas personas afectadas por la guerra deciden no solo ayudar en las actividades de cultura, sino también trabajar para que haya paz, a pesar de los resultados electorales sobre el acuerdo firmado en la Habana en el 2014.

 Como Montes de María muchos pueblos colombianos han sufrido las heridas que deja el conflicto armado entre las FARC, el ELN y la fuerza política del país.

Las víctimas, en casi todos los casos sufren la consecuencia de estos enfrentamientos sin estar involucrados directamente en el conflicto. El problema no es con ellos, pero están en el medio del conflicto.

Algunos expertos, como el profesor Blas Zubiría y Farouk Caballero Hernández en su libro Violines, Fusiles y Balígrafos, dicen que el conflicto se desencadenó el 9 de abril de 1948, cuando asesinaron a Jorge Eliécer Gaitán. Desde ese entonces “la guerra se desató a lo largo y ancho del país”, señaló Caballero.

 El plebiscito: Ganó el “no”, ¿ahora qué?

En el 2014 Colombia fue a un plebiscito donde decidieron si estaban de acuerdo o no con el proceso de Paz planteado por el presidente de ese entonces, Juan Manuel Santos. Según Oscar Sánchez, coordinador nacional de Educa Paz, una iniciativa que promueve la educación en sectores afectados por el conflicto, ni Santos ni quienes han trabajado por la paz en Colombia se esperaban que el “no” al acuerdo de paz planteado ganaría.

El portal web de la fundación Ideas para la Paz señala que el mapa que refleja los resultados del plebiscito demuestra que el “sí” al acuerdo de Paz ganó en las zonas con el impacto más fuerte del conflicto armado con las FARC, mientras que el “no”  sacó ventaja en territorios más alejados a estos impactos.

Beatriz Ochoa, fundadora del Colectivo Línea 21 de Montes de María no se explica cómo hubo gente que sufrió tanto por estas masacres que votaron por el no al acuerdo de paz. “La gente que votó por el No lo hizo basándose en lo que enseñaba la prensa, y quienes vivimos el conflicto de primera mano sabemos que no fue así. Por eso trabajamos para que nuestro equipo se empodere y comunique lo que realmente pasa desde las comunidades”.

Rodrigo Uprimny explicó que una de las razones principales por las que el “no” ganó fue que los ciudadanos colombianos ven como inaceptable una llamada “paz con impunidad” ya que, según contó Uprimny, hay gente que piensa que las personas que hicieron este daño debían pagar con cárcel o incluso la muerte su crimen.

“No estamos pasando de una situación perfecta de justicia con el conflicto armado sino que estamos pasando de una situación de conflicto armado con altísimo nivel de impunidad a una situación en dónde uno estimula la paz con un nivel nacional de justicia. Hablar de una paz sin impunidad es un error conceptual”, dijo.

Vanessa Narváez considera que, a pesar de los resultados del plebiscito, las comunidades afectadas deberían trabajar por su territorio, como lo hacen en Montes de María.  En su comunidad, según ella, casi todos decidieron perdonar y seguir adelante por la comunidad. “El perdón es la forma más difícil de seguir adelante, por eso hay gente que no estuvo de acuerdo con el proceso de paz y votaron “no”, pero yo pienso que más allá de un si o no, lo más valioso es perdonar para no vivir con rencor”, contó.

Narváez aseguró que la comunidad de Carmen de Bolívar está más unida que nunca. “Somos una familia grande y todos los que vivimos aquí regresamos en lo que se pudo. Le doy gracias a Dios por vivir en este pueblo y muchas personas han dejado el rencor atrás”.