Muck City Boxing: Un cuadrilátero de esperanzas para boxeadores migrantes

El boxeo siempre ha sido parte de la vida de Nelson López Jr. De familia de inmigrantes con padre cubano y madre filipina, Nelson nació en Florida y creció al oeste del condado de Palm Beach en una zona muy rural adyacente al Lago Okeechobee donde crece la caña de azúcar y nada más.

Por Samuel Navarro, Graduado de la Maestría de Periodismo en Español.

A excepción del tiempo que vivió en la República Dominicana mientras su madre era estudiante, Nelson creció en Pahokee, Florida, pasando muchas de las horas de su juventud en el único gimnasio de la ciudad, un club de boxeo donde su padre entrenaba boxeadores.

En el boxeo, Nelson encontró lo que no vio en otros deportes y lo único que quería hacer durante todo el día era boxear, dijo.

“Mi sueño siempre fue ser boxeador. Quería ser boxeador, ser boxeador”, repitió Nelson. “No había otra cosa que quería hacer. Quería ser boxeador y también quería ser doctor”.

Nelson López Jr., parado frente a un corral con gallos en casa de su padre, señala hacia un cultivo de caña de azúcar del que exprimen un jugo rico en azúcar llamado Guarapo. Nelson dice que su padre, quien llegó a Pahokee como trabajador en la agricultura, siempre ha tenido un estilo de vida muy campestre. Foto: Samuel Navarro

Después de terminar el colegio en Pahokee, Nelson se entrenó seriamente en el boxeo con la intención de llegar a la selección nacional.

“Quería ir a las olimpiadas”.

Sin embargo, la naturaleza violenta del boxeo fue algo que siempre influyó en el pensamiento de su madre, quien le pidió abandonar la práctica del deporte por temor a que fuese lastimado.

Nelson cuenta que se inscribió en la universidad Nova Southeastern University y que completó las carreras de biología y psicología con el propósito de ir a la escuela de medicina de dicha institución.

Aun así, Nelson nunca perdió el contacto con el cuadrilátero.

Su primer trabajo en el boxeo fue como chofer y asistente de promotores mientras cursaba primer año de medicina en NOVA Southeastern University en Davie.

Pero ahora con un hijo en camino, Nelson necesitaba dinero.

En la universidad consiguió posponer sus estudios por un año a cambio de realizar un trabajo de investigación cuya paga sumaba algo de dinero extra a lo que hacía con en el boxeo.

Pero los estudios en Miami y ahora una familia en Pahokee llevaron a Nelson a abandonar la carrera y dedicarse al boxeo a tiempo completo.

“Yo pensé que después del nacimiento de mi hijo las cosas mejorarían, pero no fue así”, cuenta Nelson. “Fue la etapa más difícil de mi vida”.

Nelson López Jr. se toma un descanso sobre el ring durante una sesión de entrenamiento en Muck City Boxing en Pahokee, el lunes 8 de octubre de 2018. Foto: Samuel Navarro

Nelson, quien todavía carga una deuda de 44 mil dólares por sus estudios incompletos, no tiene prisa en pagarla ya que le “ayuda a hacer crédito” para su compañía, Raynelo Management.

La familia López conoce muy bien la cultura y estilo de vida del boxeador. Nelson es la tercera generación de la familia en el boxeo. Su abuelo lo practicaba en Cuba y su papá ha entrenado boxeadores en Pahokee desde que Nelson es bebé.

Su familiaridad con el deporte le permitió avanzar rápidamente dentro del boxeo.

Uno de sus trabajos favoritos es “trabajar la esquina”.

En el boxeo, trabajar la esquina se refiere a ser parte del equipo del boxeador que está presente al borde del ring, en la esquina azul o roja, durante una pelea y generalmente está compuesto por un médico y dos entrenadores.

“El trabajo más difícil en el boxeo y menos pago es el de un entrenador. Es el último que cobra.” “Al mismo tiempo, es la manera de vivir el boxeo lo más de cerca posible y de conocer al boxeador”.

A pesar de eso, Nelson sabe que la mejor oportunidad en el boxeo para él y su familia es como mánager.

Nelson López Jr. observa un combate del Word Boxing Súper Series en la ciudad de Orlando, Florida, el sábado 20 de octubre de 2018. Nelson llevó a dos de sus peleadores, el colombiano Jonathan Pérez y el brasileño Joaquim Carneiro, a participar en los eventos preliminares a la gran pelea. Foto: Samuel Navarro

“Yo entiendo el negocio”, dice Nelson. “Eso es el boxeo. Un negocio”

Raynelo Management representa a boxeadores en eventos profesionales y amateur.

El trabajo de Nelson consiste en encontrar jóvenes prospectos, darles un contrato, entrenarlos y construirles su carrera a través de un record favorable que lo lleve a eventos cada vez más importantes y eventualmente una oportunidad hacia la cúspide del boxeo.

Nelson considera “fácil” meterse en el boxeo ya que la organización que lo maneja no es tan grande y organizada, como por ejemplo la liga nacional de fútbol americano.

“No se necesita ninguna habilidad especial. Yo podría ser agente, un mánager, hacer las conexiones, contratos, peleas. Es casi como un trato callejero”.

Lo primero siempre es llegar a un acuerdo donde cada una de las partes sabe exactamente cuál es su responsabilidad, dice Nelson. Para el boxeador, cada minuto y cada segundo de su vida tiene que ser sobre el boxeo.

“Su trabajo es estar en la mejor condición física y convertirlo [el boxeo] en un estilo de vida”. “Mi responsabilidad es colocarlos en el evento indicado”. 

Boxeadores en Muck City Boxing entrenan sobre el cuadrilátero durante la tarde del martes 2 de octubre de 2018. Foto Samuel Navarro

El gimnasio: Muck City Boxing

En 1997, en un almacén que su padre compró por 5.000 dólares, se instaló Muck City Boxing (MCB), una academia de boxeo internacional ubicada al comienzo del Boulevard Barack Obama, en Pahokee.

Pahokee es una ciudad muy pequeña que apenas abarca un área 14.4 Km2 y tiene una población de solo 6.236 habitantes, según el último censo.

No cuenta con centros comerciales, ni un centro financiero. Solo un banco, la barbería local, un cine abandonado, una sola estación de servicio donde se compran las cervezas y más negocios cerrados que carros transitando la avenida principal de solo dos canales.

Es como si una plaga de esas que se ven en la agricultura hubiese infectado la ciudad sin tocar la geometría de las cuatrocientas mil hectáreas de plantaciones de caña de azúcar que rodean a esta aislada comunidad en el extremo oeste del condado de Palm Beach, a 40 millas de Mar-a-Lago, el hotel y campo de golf propiedad del presidente Donald Trump.

Jonathan Pérez, izquierda, y Dagoberto Agüero, pasan el rato navegando sus teléfonos en la fachada de Muck City Boxing el lunes 8 de octubre de 2018. Foto: Samuel Navarro

No hay anuncio que le de un nombre al lugar, ni horario de trabajo. Solo las cuatro paredes azules y en la entrada, un palo que sirve de soporte de la puerta que abre hacia arriba.

MCB queda dentro de un almacén de 52 metros cuadrados con algunas goteras en el techo construido en 1959, cuando todavía el cine proyectaba películas.

Muck City Boxing visto desde adentro durante una sesión de entrenamiento en la tarde del martes 2 de octubre de 2018. Foto: Samuel Navarro

Al entrar, lo primero es el cuadrilátero de seis metros de largo en sus cuatro lados. A la derecha, equidistantes uno de otro, cuelgan los aparatos de entrenamiento, que incluyen tres sacos de golpeo y otros para trabajar la velocidad y coordinación.

Las ventanas de madera, en lo más alto de las paredes laterales, permiten la entrada de luz natural directamente sobre el ring y sobre el piso de cuadros blancos y negros que copian un tablero de ajedrez. Algo quizás metafórico para los que consideran el boxeo un deporte de estrategia e inteligencia que consiste en acabar con el oponente sabiendo cómo y cuándo golpear sin ser golpeado.

Sobre la lona azul que cubre el cuadrilátero de Muck City Boxing, el colombiano Jonathan Pérez, Joaquim Carneiro de Brasil, y Dagoberto Agüero de la República Dominicana entrenan todos los días y se ganan la vida a puños, asalto por asalto.

Los boxeadores, en su mayoría extranjeros, llegan a MCB a entrenar y prepararse para pelear en eventos profesionales y así mantener a sus familias en sus países de origen.

Nelson, como mánager de boxeo, no se limita únicamente al talento local. Él recluta y trae boxeadores profesionales a los Estados Unidos a entrenar a Pahokee. Algunos ya tienen sus visas, mientras que a otros les tramita una visa especial para deportistas extranjeros.

Nelson López Jr. pasa gran parte del día en su oficina, un espacio improvisado en la mesa comedor de su hogar, contestando posibles ofertas para sus peleadores el miércoles 10 de octubre de 2018. Foto: Samuel Navarro

“Cuando no estoy en el teléfono, estoy perdiendo dinero”.

Lo que para Nelson es una oportunidad de negocios, también es una oportunidad para los boxeadores de cobrar un cheque en dólares y así mantener a sus familiares en sus países de origen.

 

Nelson López Jr. y el dominicano Dagoberto Agüero trabajan durante una sesión de ejercicio sobre el cuadrilátero de Muck City Boxing el lunes 8 de octubre de 2018. Dagoberto entrena en los Estados Unidos con una visa P-1 tramitada por Nelson desde el 2016. Foto: Samuel Navarro

Las visas 

Desde el año 2013, el gobierno de los Estados Unidos aprueba en promedio 10 millones de visas al año para no-inmigrantes, según cifras del departamento de asuntos consulares.

Los países latinoamericanos y naciones caribeñas que más visas para no-inmigrantes recibieron en el 2017 fueron: Brasil — 579.210 (6%) — Argentina — 366.992 (3.8%) — Colombia — 355.777 (3.7%) — y la República Dominicana — 204.136 (2.1%)

En el 2017 se aprobaron en total 9.681,913, de las cuales 24,932 fueron para atletas con reconocimiento internacional en la disciplina que practican, de acuerdo a un reporte del mismo departamento.

P-1 es la visa que Nelson consigue para sus boxeadores extranjeros y pertenece a la misma clasificación que la visa CW, E, H, I, L, O, Q, R, y NAFTA.

En conjunto, éstas representan un 9.4%de la totalidad de visas para no-inmigrantes aprobadas en el 2017, la segunda mayor cantidad después de las visas B y BCC que representan el 76.8% de la totalidad.

Las visas de turista tipo B2 permiten que deportistas extranjeros profesionales vengan a los Estados Unidos a competir. Y a pesar de no poder cobrar un salario por no tener permiso de trabajo, la visa de turista le permite a los atletas aceptar premios en efectivo provenientes del evento deportivo en el que participan.

Los atletas que entran a los Estados Unidos con visa de turista tienen un tiempo de estadía de hasta seis meses.

En lo que va del año 2018, hasta el mes de agosto se han aprobado 278 visas P-1 para colombianos, 702 para brasileños y 1.045 para dominicanos, según datos obtenidos a través de informes mensuales de la oficina de asuntos consulares del departamento de estado, publicados en su pagina web.

A Nelson, a través de un abogado, una visa le cuesta “solo el papeleo” unos 3.000 dólares.

“Una visa de trabajo con pasaje de avión, se gastan 4.500 dólares”.

Aplicar para una visa P-1, sin un abogado, cuesta 460 dólares. Sin embargo, pagando un adicional de 1.410 dólares se puede acelerar el proceso para obtener respuesta en dos semanas, según información en la página web del departamento de seguridad nacional,

Eddie Ramírez, amigo de Nelson, ayudante y entrenador amateur de boxeo en Pahokee, es quien generalmente recibe a los boxeadores una vez que viajan a los Estados Unidos.

 

Foto: Samuel Navarro

Eddie los recibe, les consigue la cita médica y los lleva a que se hagan los exámenes que requiere la comisión de boxeo de Florida, dice Nelson.

“[Eddie] les compra las sabanas, toallas y todo lo que les haga falta para vivir en el gimnasio”.

Nelson también abre una cuenta de banco a cada uno de los boxeadores para depositar las ganancias de cada pelea, les entrega un teléfono celular para que se comuniquen con sus familiares, les compra comida y cubre sus gastos mensuales.

Ganen o pierdan, a los boxeadores se les paga.

“La casa [Nelson] se queda con su parte, los entrenadores con su parte, a Eddie se le da algo, y así es como mantienes el ciclo”.

“En un viaje así, ellos [boxeadores] hacen cinco; seis mil dólares”

Florida como destino de preferencia para atletas, no es ninguna sorpresa.

Florida es el quinto estado donde atleta profesionales registran mejores ganancias, con un promedio de 82.990 dólares anuales.

Adicionalmente, la oficina de estadísticas laborales de los Estados Unidos indica que Florida presenta los niveles de empleo más altos del país para deportistas profesionales, por arriba de California, Pennsylvania, Missouri y Connecticut, según reportes.

El condado de Palm Beach es una de las áreas de mayor concentración para atletas en el país y la tercera metrópolis mejor pagada, con promedio de ganancias anuales de 110 mil dólares, según el reporte.

La Comisión de Boxeo del Estado de Florida del Departamento de Negocios y Regulaciones profesiones (DBPR en ingles), es el organismo encargado de las regulaciones y expedición de licencias necesarias para la práctica profesional, en todas las posiciones, del boxeo, kickboxing y las artes marciales mixtas en el estado de Florida.

A pesar de estos aspectos positivos que Florida muestra a nivel económico en los deportes, las proyecciones para el 2019 y 2020 no muestran crecimiento alguno, de acuerdo el ente regulador.

 Los boxeadores

En el boxeo, Nelson dice que hay dos tipos de peleadores: los boxeadores con más de veinte peleas perdidas que ya lo han intentado por muchos años, pero no alcanzaron el nivel esperado y pelean con la mentalidad de cobrar un cheque en efectivo; y los que están invictos, que a través del trabajo duro, viven con la meta de coronarse campeón mundial.

Dagoberto Agüero: 118lbs 13–0 (9 KO)

Dagoberto Agüero, 25, originario de San Cristóbal, República Dominicana, sonríe tras bromear con sus compañeros durante un entrenamiento en Muck City Boxing en Pahokee el lunes 8 de octubre de 2018. Foto: Samuel Navarro

El talento para el boxeo, Dagoberto Agüero lo desarrolló desde muy joven juntos a sus cuatro hermanos, todos boxeadores, como su papá. Dagoberto tuvo una carrera estelar como amateur, avanzado exitosamente por las diferentes categorías de la selección nacional de boxeo de República Dominicana.

Sus historias de triunfos en torneos locales y medallas de oro a nivel internacional se publicaron con muy buena crítica en los medios locales.

Dagoberto, con casi 18 años, terminó su relación con la selección nacional para dar el salto al boxeo profesional.

La selección, a pesar de haberle dado la oportunidad de formarse como boxeador, no le garantizaba un desarrollo económico sostenible que lo pudiera ayudar a él o a su familia.

A través de la selección nacional, donde los mejores pugilistas del país compiten por un puesto, es como los boxeadores amateurs, compitiendo en torneos locales e internacionales, consiguen la experiencia antes de convertirse en profesionales.

“Yo le decía a mi papá, ‘mira yo quiero saltar al pro por que no quiero seguir en la selección’”

Dagoberto no se sintió bien la última vez que estuvo con el equipo nacional.

“No quería que me exprimieran más el cuerpo y mi papá me entendió”.

Con el apoyo de su familia y amigos, Dagoberto comenzó su carrera como profesional en la República Dominicana firmando con Nelson en el 2013, a los 20 años.

Dagoberto Agüero golpea un saco de boxeo durante un entrenamiento en Muck City Boxing el lunes 8 de octubre de 2018. Foto: Samuel Navarro

Dagoberto, 25, llegó a Pahokee en el 2016 con una visa P-1 que Nelson tramitó tres años después de firmar con él. Desde entonces, se entrena en Muck City Boxing con el objetivo de convertirse en campeón mundial.

“Las personas piensa que nosotros, el boxeador, nos ganamos la vida fácil. En el boxeo las cosas son difíciles porque este deporte no es un juego. Esto un arte de darle y que no le den”.

Dagoberto Agüero, acostado sobre la lona del cuadrilátero de Muck City Boxing, toma un descanso durante un entrenamiento el lunes 8 de octubre de 2018. Foto: Samuel Navarro.

Dagoberto dice haber superado momentos muy difíciles y de “mucha vergüenza” en la República Dominicana, antes de llegar a Pahokee.

La falta de dinero dice que lo llevaron a salir a las calles con una segunda intención.

“Yo le pido a papa Dios que me perdone”.

Dagoberto comenzó a robar celulares y prendas de valor.

“Salía a arrebatar cadenas”.

Un día, Dagoberto llegó a un punto de venta de drogas donde empezó a vender mariguana y cocaína.

Dagoberto Agüero dentro de su habitación en Muck City Boxing tiene una computadora que utiliza para hacer música como hobby y una televisión que prende muy pocas veces. Dagoberto dice que hay días que se siente más cómodo acostándose en el suelo de su cuarto como lo tenia que hacer en la República Dominicana cuando vivía en la calle. Foto: Samuel Navarro.

“Aprendí lo malo y lo malo hacía. Lo hacía por mis hermanos. También por ese hijo que tuve en ese tiempo. Eso fue muy duro para mi”.

Ahora que esa etapa en la vida de Dagoberto fue superada, desde Pahokee el pugilista se puede concentrar en su carrera como boxeador y en cómo sacar adelante a su familia.

Dagoberto dice estar agradecido con todo lo que se ha logrado en estos años trabajando con Nelson.

“Hasta ahora llevamos un proyecto muy bueno. Agradeciéndole, claro, a Raynelo Management, Nelson Promotions y a mi equipo de trabajo, Nelson Jr. y Eddie Ramírez”.

Dagoberto llegó a Pahokee invicto.

Su primera pelea en Estados Unidos fue una victoria en el Chase Center de la ciudad de Wilmington, Delaware, donde enfrentó al uzbeko Olimjon Nazarov, de 23 años, ganando por mayoría de decisión.

 

Foto: Samuel Navarro

Construir un récord para un boxeador toma tiempo y dinero, dice Nelson. Un récord como el de Dagoberto puede costar más de 20 mil dólares.

Para Dagoberto, Nelson es un “segundo padre” y un “mentor”.

“Le agradezco mucho por darme la oportunidad de estar aquí. Gracias a él estamos trabajando y me mantiene firme, como vamos hoy en día”.

En Pahokee, el aislamiento y la falta de actividades es un beneficio para Dagoberto ya que le permite enfocarse únicamente en el boxeo y sus entrenamientos.

“Acá no hay rumba, ni nada de eso”.

Dagoberto Agüero realiza abdominales durante un entrenamiento en Muck City Boxing el lunes 8 de octubre de 2018. Foto: Samuel Navarro

Mientras tanto, Dagoberto sigue entrenando “duro” dos veces al día, empezando a las 5 de la mañana.

“El primer entrenamiento es correr, hacer abdominales, y push-ups. En la tarde empiezo a hacer los básicos, que es golpear lo aparatos, mascotas, verme con los entrenadores y hacer pesas”.

De lograr más victorias ante buenos contrincantes, Dagoberto puede elevar sus posibilidades de aterrizar un combate por una buena suma de dinero que le permita ayudar a su familia aún más y lo acerquen a su meta de ser campeón mundial.

“Estamos esperando una buena oportunidad para pelear el título mundial y cuando llegue esa oportunidad la voy a aprovechar al máximo porque yo sí tengo para ser campeón.”

Joaquim Carneiro: 24–10 (22KO) Jonathan Pérez: (37–23)

Joaquim Carneiro, izquierda, es felicitado por Jonathan Pérez en los camerinos después de su combate en el World Boxing Súper Series ante el colombiano Andrés Figueroa en la ciudad de Orlando, Florida, el sábado 20 de octubre de 2018. Foto: Samuel Navarro

A diferencia de Dagoberto, de corta edad y record invicto, Joaquim y Jonathan representan el tipo de boxeador que ya pasó su mejor momento, pero el deporte es lo único que le queda.

“Ellos entienden”, dice Nelson.

Con 31 años cada uno, el objetivo de ambos en el boxeo no es una oportunidad a un título mundial, pero sí estar listo físicamente para la próxima pelea y así poner el pan en la mesa de sus hogares.

“Para eso se preparan, por eso están aquí. Están esperando por esa llamada a corto plazo”.

Joaquim Carneiro, centro, entrena en Muck City Boxing el martes 2 de octubre de 2018. Joaquim se encuentra en las últimas 3 semanas de preparación antes de su combate programado para finales del mes de octubre en la ciudad de Orlando, Florida, como parte de las peleas preliminares del World Boxing Súper Series. Foto: Samuel Navarro

Joaquim nació en Mucambo, una comunidad muy pequeña el noroeste de Brasil.

“En Mucambo hay pocos edificios, yo creo que como tres nada más.”

La mayor parte de su vida se crió en São Pablo, donde a los 14 años empezó a practicar el boxeo y desde entonces es lo que ha hecho durante toda su vida.

En su carrera como boxeador profesional, Joaquim se coronó campeón brasileño en el peso súper ligero en tres diferentes ocasiones. Primero en el 2008, luego en el 2013 y la última en el 2015.

En su carrera, Joaquim tuvo cinco oportunidades a varios títulos mundiales, pero nunca logró quedarse con el cinturón.

El primero fue en el mítico Anfiteatro de Capua, Italia, el 18 de junio de 2010, donde enfrentó al pugilista italiano Salvatore Annunziata por el título mediterráneo del Consejo Mundial de Boxeo (WBC en ingles) en la división peso súper welter, pero desafortunadamente perdió el combate por decisión dividida.

En octubre de ese mismo año perdería en Rusia ante el local Aslanbek  Kozaev por el título mundial juvenil del WBC en la misma división por un knockout técnico.

En febrero del 2011, Joaquim tendría otra chance al título mediterráneo, pero volvería a ser derrotado, esta vez en Francia por el francés Stanislas Salmon.

Luego de dos años, peleó en La Plata por el título de campeón sudamericano del WBC ante el argentino Luciano Leonel Cuello, nuevamente sin poder conocer la victoria

Su última oportunidad fue en mayo del 2016 por el cinturón intercontinental de la WBC en la división peso súper ligero en una pelea celebrada en Bolton, en la ciudad de Manchester, Inglaterra.

Joaquim trabaja con Nelson desde el 2016, y éste es su segundo viaje a los Estados Unidos a entrenar a Pahokee. A diferencia de Dagoberto, Joaquim no necesita una visa P-1 ya que su visa de turista le basta para entrar y participar en torneos.

“Ahora tengo permiso hasta marzo”.

En Brasil tiene una niña de 11 y un varón de 5. Y para mantenerlos Joaquim daba clases de boxeo todos los días en un gimnasio de São Pablo. Pero ahora que el gimnasio dejó de ser una posibilidad, él se entrena en Pahokee para mandar cheques a casa.

“Me gustaría volver para las fiestas, pero no se si voy”.

Joaquim se mantiene motivado gracias a sus dos hijos, hermanos, hermanas y el resto de su familia, dijo.

“Mi padre falleció hace un año y yo boxeaba por él”. “Él también es mi motivación”.

El pasado 20 de octubre, Joaquim y Jonathan tuvieron la oportunidad de mandar algo de dinero a casa antes de las navidades, peleando en las rondas preliminares del World Boxing Súper Series en el CFE Arena en la ciudad de Orlando.

Jonathan Pérez. izquierda, y Joaquim Carneiro, centro, comparten con Nelson López Jr. en la sala de conferencias del hotel Double Tree después de ser pesados el día antes de sus peleas en el World Boxing Súper Series en la ciudad de Orlando el viernes 19 de octubre de 2018. Foto: Samuel Navarro

Jonathan Pérez. izquierda, y Joaquim Carneiro, centro, comparten con Nelson López Jr. en la sala de conferencias del hotel Double Tree después de ser pesados el día antes de sus peleas en el World Boxing Súper Series en la ciudad de Orlando el viernes 19 de octubre de 2018. Foto 20

Joaquim se enfrentaría al colombiano Andrés Figueroa, de 30 años, en las rondas preliminares al evento principal. La pelea estaba pautada a seis asaltos, pero fue detenida en el quinto por el oficial Samuel Burgos después de que el colombiano sufriera un golpe involuntario en el ojo. El oficial declaró el combate como nulo sin dejar un ganador o perdedor.

Joaquim Carneiro coloca al colombiano Andrés Figueroa contras las cuerdas durante una pelea de la ronda preliminar del World Boxing Súper Series celebrado en el CFE Arena en la ciudad de Orlando, Florida, el sábado 20 de octubre de 2018. Foto: Samuel Navarro

Joaquim dijo sentirse “robado” de la victoria y decepcionado por el resultado después de tanta preparación.

Joaquim Carneiro muestra su descontento con el resultado del combate ante el colombiano Andrés Figueroa mientras que su entrenador, Eddie Ramírez, remueve el vendaje de su mano izquierda en los camerinos del CFE arena en la ciudad de Orlando el sábado 20 de octubre de 2018. Foto: Samuel Navarro

Por su parte, Jonathan Pérez trabaja con Nelson desde el 2015, y éste último viaje a Pahokee duró 3 meses. El período de tiempo más largo que vivió en el gimnasio fue de casi 9 meses.

Jonathan Pérez, 31, sale de su habitación en Muck City Boxing después de cambiarse, listo para empezar su entrenamiento, el lunes 8 de octubre de 2018. Jonathan, junto al resto de los boxeadores viviendo en el gimnasio, preparan comidas en esta cocina dentro del gimnasio. Foto: Samuel Navarro

“Nosotros sobrevivimos aquí en el gimnasio. No estamos en las mejores condiciones, pero ahí estamos, en la lucha.” Sabes que todo uno lo hace por su familia”.

Foto: Samuel Navarro

En Colombia, Jonathan vive en Barranquilla con sus dos hijos y su esposa, Sullys, quien está embarazada con su tercer bebé.

Su comienzo en el boxeo fue a los 13 años, inspirado por su hermano mayor, también boxeador.

En un principio Jonathan empezó jugando fútbol y desde muy joven se ganó la vida cuidando y lavando carros.

“Un carro me pisó los pies y me retiré del fútbol. Mi hermano estaba entrenando y me gustó y me decidí entrenar boxeo.”

Sus dos primeras peleas en amateur terminaron con derrotas, pero después comenzaría a ganar.

Como amateur totalizó 204 peleas antes de dar el salto a profesional en el 2006.

En Orlando, Jonathan se enfrentó al puertorriqueño Néstor Bravo, 25, después de un retraso de más de cinco horas que lo mantuvo en una espera muy agotadora dentro del camerino bajo la supervisión de un oficial de la comisión de boxeo.

Jonathan Pérez, derecha, observa como su entrenador, Eddie Ramírez, le coloca el vendaje en su mano derecha antes de su pelea en el World Boxing Súper Series celebrado en la ciudad de Orlando el sábado 20 de octubre de 2018. Después de más de 5 horas de espera con las manos vendadas por un retraso, Jonathan dice haber perdido la sensibilidad en los dedos antes del combate. Foto: Samuel Navarro

Tan solo en el segundo asalto, Jonathan perdió por KO después de no poder recuperarse de un golpe que el puertorriqueño le conectó en su ojo izquierdo.

Después de la pelea, los médicos de la comisión le prohibieron pelear por dos meses.

El colombiano Jonathan Pérez, izquierda, se enfrenta al puertorriqueño Néstor Bravo durante un combate de la ronda preliminar del World Boxing Súper Series en el CFE Arena de la ciudad de Orlando, Florida, el sábado 20 de octubre de 2018. Foto: Samuel Navarro

Mientras vive en Pahokee, Jonathan se comunica con su familia todos los días utilizando el teléfono móvil que le dio Nelson, a través de las redes sociales y aplicaciones de mensajería móvil.

Foto: Samuel Navarro

El pasado 15 de octubre, antes de acostarse, Jonathan dejó un mensaje a su esposa a través de Facebook.

“Hasta mañana mi negra bella, te amo”. “Que sueñes con Popeye”

Popeye es el sobrenombre que Jonathan utiliza en el ring de boxeo.

Nelson, entiende y respeta lo que boxeadores como Popeye sacrifican y lo duro que trabajan por ayudar a sus familias.

“Él deja a su familia por allá [Colombia], viviendo en el gimnasio, comiendo arroz con frijoles, entrenando todos los días, sin aire acondicionado y con mosquitos”. “Todo por hacer un poco de dinero y volver”. “Bro, es difícil, muy difícil”.

Jonathan viajó de regreso a Barranquilla a reunirse con su esposa e hijos el 27 de octubre para pasar la época de fiestas en familia.

En Colombia, Jonathan se dedica a su familia a tiempo completo y de vez en cuando dice trabajar como entrenador personal y dictando clases particulares de boxeo.

Jonathan Pérez, mira y apunta al cielo en señal de agradecimiento al finalizar un entrenamiento en Muck City Boxing el jueves 18 de octubre de 2018. Foto: Samuel Navarro

“Hay que darle gracias a Dios por esta gente [Muck City Boxing] que ha mostrado su amistad y nos han ayudado”.

El futuro de Muck City Boxing

En la actualidad, Nelson vive en Belle Glade, en Palm Beach, a 15 minutes de Pahokee, con su esposa y su segundo hijo recién nacido.

La abuela de Nelson, Blanca Nieve López Moran, 82, suele pasar por casa de Nelson en Belle Glade casi todos los días de la semana a cuidar a su nieto. Foto: Samuel Navarro

“Ese es mi muñeco,” dice Nelson

La academia Muck City Boxing fue fundada en 1997 por Nelson y su papá. Aunque ahora, Nelson es el responsable de mantener el gimnasio.

Desde entonces, las puertas de Muck City Boxing han permanecido abiertas para todos los que quieran entrenar, sin tener que pagar por una membresía o algún costo.

Nelson, como nativo del área, entiende lo que significa ser joven en Pahokee y por eso utiliza el boxeo como una oportunidad para brindarle algo que hacer a los más jóvenes.

Onelio “Pluma Blanca” López Bautista, 93, abuelo de Nelson, se despide de su nieto apoyado de la ventana del carro después de pasar un rato juntos la tarde del miércoles 10 de octubre de 2018. Foto: Samuel Navarro

La idea, dice Nelson, es que el gimnasio se convierta en un espacio para formar atletas olímpicos y futuros campeones mundiales.

Mientras tanto, Nelson sigue ahorrando dinero y sueña con la posibilidad de encontrar una beca o fondos que lo ayuden a financiar su proyecto en Pahokee.

“Podríamos convertirlo en un verdadero negocio [el gimnasio] donde ellos viven, comen y se tramitan sus visas”.

Al mismo tiempo, Nelson está muy feliz de poder brindarle a boxeadores muy trabajadores de todas partes del mundo la posibilidad de sacar a sus familias hacia adelante.

Nelson López Jr. dirige a sus boxeadores en una sesión de entrenamiento desde el cuadrilátero de Muck City Boxing en Pahokee el lunes 8 de octubre de 2018. Foto: Samuel Navarro

“Todo lo que mis padres me enseñaron fue cómo ayudar a las personas”.

2018-12-10T23:13:34+00:00

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